Dentro de 2 años, la tribuna escribió...
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sábado, 17 de marzo de 2012

Peregrino que cojea

Cuento de ficción escrito por Javier Romero T.
   
   Soy un peregrino, que estaba, estoy y tal vez estaré en una ciudad de nombre como Concepción. Una tarde como ayer suelo escaparme del ajetreo de las clases en las aulas. No tengo ni un Manuel Rodríguez y mucho menos un Bernardo O´Higgins para consumirlo en la micro, pues era el píe que sufría mi único sustento para ir a caminar hacia mi casa.

   Los problemas aparecían en medio de mi mente, pues peregrino soy en el andar de la vida. Ni con un trago de chela ni con un Malboro puedo ni deben de servir para desahogar ese sufrimiento que ataca en mi corazón. De la Pinacoteca voy con la cara triste en la Diagonal sin importar cuántas caras me rodearan y observasen la absurda pero real y funesta presencia mía. Peregrino soy, que a calle Tucapel me entenderá en qué onda ando trayendo.

   En medio de la calle Tucapel voy recordando lo mal que me fue en el día; de esos tropiezos que cualquiera suele cometerlos siempre, pero que como peregrino no tienen otra forma que en un hecho de deshonor para mi sentido moral. Llega una linda noticia a mi celular que emociona de alegría, pero que del minuto dos se transforma en la melancolía llena de sufrimiento y de cariño contradichos.

    Soy un peregrino; mis lágrimas suelen ser una sangre muy especial, ni es roja, ni rosa ni mucho menos verde, es invisible porque nadie sabe que vas manchando lo que te frustra, lo que te carga y lo que te pesa en el alma. Voy en medio del camino y mi amigo, la calle Tucapel, me sirvió de fuerza para desahogar esa tristeza sentimental y emocional.

     Soy peregrino porque mi fuerte es un cerro que se encuentra a 30 cuadras de mis estudios. Al llegar allá, subo con cuidado y llego a la cima para deshacerme de toda esa tensión. Miro cómo mi ciudad, cómo mi centro y mi barrio me daban un viento para respirar, pero que a la vez suele ser la codicia de algunos la que destruye la libertad de uno. Soy peregrino porque sufro con la carga social y grito en lo alto con furia y llanto todo lo que me ha hecho dañar mi emoción y mi salud.

      Cuando ese largo camino rindió frutos con la calma, la paz de alguien sobrenatural y la buena nueva de una mano amiga que me hizo sentir feliz, concluye mi calidad de peregrino que con un dolor en el pie cojeó 30 cuadras, botó tensiones, deshizo lo malo y se alimentó de lo bueno. Bajo del cerro y vuelvo a mi casa, para que al escribir esta dolorosa pero bonita experiencia llegue a la mano de un fiel lector.

THE END

sábado, 15 de octubre de 2011

Para ser útil, soy un valor.

Escrito por Javier Romero T.         

         Muchas personas hoy en día piensan en ser personas simplemente por serlas, pero para ser una persona digna no significa decir “Hola, soy J.J. y soy una persona” sino que saber hacer bien las cosas y ser útil para con el mundo exterior. Cuando uno está en un ambiente bien cuadrado, la restricción puede aporrear la libertad y eso puede producir que uno se ponga ofuscado y aislado del entorno. A veces con suerte te pueden ayudar, pero por miedo a que el reaccione mal deciden alejar.

            Cuando ese ambiente cuadrado se termina su ciclo funcional llega el momento de pasar a otro nivel. Al principio suele ser tentado por el ambiente circular, pero el entorno cuadrado le hizo generar una costumbre que lo transforma en una persona tímida en el fondo. Inicia ese ambiente circular y surge un nuevo estilo de vida y de rutina diferente a la anterior: gente que no conoces, distintas formas de opinar y de gustar; pero a la vez, con una sola cosa en común: el fin que los persigue a la meta.

            Cuando a alguien le fue mal socialmente en el ambiente cuadrado, acá en el ambiente circular te da una nueva oportunidad para ser feliz socialmente, por sobretodo si uno tiene en sus venas del espíritu la buena voluntad. Después de los primeros días en conocer tal ambiente, la persona suele aplicar en práctica esa buena voluntad sin importar el éxito o el fracaso de cómo le va. Si le va bien puedes llegar a ser considerado más que un compañero, un amigo, un compadre, un partner e incluso en un hermano del alma. Pero si te va mal, como todo mecánico debemos examinar cuales son las fallas, ver que piezas debemos armar, reparar y ver como anda nuestro corazón y mente.

            Probar este mecanismo de amar y ayudar al prójimo es difícil; atreverse, también. Pero sentirlo y vivirlo si lo haces todo bien traerá sus frutos. Dentro de las probabilidades son muchas: ganarás un confidente, ganarás tal vez una amiga con ventaja o una ternura que te pueda flechar al corazón, ganarás personas que te den consuelo si estás triste, ganarás personas que te dará aliento y te entenderán en todo; pero lo más importante, ganarás muchos amigos y amigas en la vida quienes no solo te tratarán como persona sino como un gran valor, un ejemplo de valor o un tesoro muy valioso como el oro y el cristal que se encuentre encofrado en el alma y espíritu de cada uno de nosotros.


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