sábado, 7 de enero de 2012

Cambio de palabra por interés de memoria

(Parodia de Roscoe, de La Momia Roja)

    11 de septiembre de 1973, el panorama de Chile se asimilaba en una guerra cualquiera, tal vez en una segunda guerra mundial en donde los trabajadores, hombres, mujeres y niños quedaban puertas adentro solo porque la paranoia militar quería exterminar al entonces presidente Salvador Allende y quemar lo que para ellos y unos poderosos de cuello y corbata consideraban su peor pesadilla: la vía chilena al socialismo o el gobierno que se preocupaba del pueblo y del necesitado.

     La función que han acometido fue librar al país del “cáncer marxista”, mencionaban después del bombardeo al Palacio de la Moneda un discurso en donde Leigh, Merino, Mendoza y el cabezal de Pinochet conformaban el mismo día la Junta Militar de Gobierno. Hombres en donde matar desde Víctor Jara hasta un indefenso campesino eran sueldo y pan de cada día para hacer de Chile “un país libre”. A lo mejor, Pedro Machuca* sabe a qué refiero de actos acometidos entre ese año a 1990.

     Abusos de poder, exhilio y destierro a “estorbos” para el normal funcionamiento de su “libertad”, toques de queda, bandos destructores, persecución, represión y acallamiento y censura a medios “contestatarios” eran la rutina que realmente pasaba detrás de ese cartón que decía “más pogreso”, “libre mercado”, “démosle azucar a los privados y a los ricos” hasta un sencillo y obligado “Gracias mi general”, como forma de agradecer esa “liberación nacional” que acometía.

      A pesar de que Estados Unidos apoyaba en dinero esa liberación disfrazada, en el trono de Reagan mencionó que era dictadura, Latinoamérica lo vio de esa forma, y España, Inglaterra, Francia, Alemania, China, Unión Soviética, Australia; en fin, todo el mundo lo llamaba dictadura aquel proceso que hacía endurecer y a la vez sufrir a millones de compatriotas nuestros.

      ¿Saben cómo le respondía ese general de cabecera al extranjero? Fácil, dictablanda. ¿Acaso Pinochet aprendió castellano o solo en forma bruta lo dijo solo para defender SU interés? Porque cualquiera que ve el diccionario no encuentra ese término, sino que encuentra en dicho libro de la Real Academia Española el término dictadura. La dictadura se define como un “Gobierno que en un país impone su autoridad violando la legislación anteriormente vigente”. La RAE no miente.

      Ahora bien, el nuevo ministro de educación, Harald Beyer, declaró ante la prensa esta semana que gracias a un consejo evaluador de dicha área determinó por mayoría de votos que el término dictadura se cambie por “régimen militar” en los libros de la historia de Chile. ¿Quién pidió permiso a nosotros para que exista ese cambio? Ni perdón ni olvido, dice la clásica harenga acerca de la justicia, verdad y memoria en los años 80 frente a un “gobierno” que jugó con la dignidad y ha degollado miles de personas inocentes solo porque a ellos lo consideran unas moscas molestosas.

Harald Beyer, ministro de Educación.
        Pronunciamiento militar, gobierno militar, dictablanda, régimen militar es lo que quiere inculcar un gobierno de derecha; pero en fin, la gente la relaciona en un solo concepto: dictadura. Si Harald Beyer defiende y apoya la moción de lo que pasó en aquellos años fue dictadura, entonces debe demostrar en ser capáz de defender sus dichos que salen de su boca. Si el dice dictadura, es dictadura y punto. Si Chile dice que el “régimen” de Pinochet fue una dictadura, es dictadura y punto. No hay formula ni varita mágica que permita cambiar una palabra por otra solo por el interés de defender sus mal llamados “ideales históricos y políticos”. Es dictadura y punto porque el mundo vio que lo hecho, hecho está  y que esos crímenes jamás serán olvidados ni borrados con un ácido de olvido y de cambio de unos pocos. Dictadura que vistió de seda, dictadura queda. Por última vez digo y concluyo, es dictadura y punto.

(*) Protagonista de la película chilena ambientada en 1973, “Machuca”.

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