miércoles, 13 de noviembre de 2013

¿Gatopardismo duopólico o ruptura democrática?

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por Rafael Gumucio Rivas

No será el 17 de noviembre, tal vez tampoco durante el verano si hay segunda vuelta, pero estas elecciones prometen cambios. Los estudiantes, los movimientos sociales, ya que no se quedarán quietos si los partidos del binominal en el gobierno vuelven a mentir. El empuje se hará sentir desde la calle en un proceso que no dará tregua hasta conseguir las transformaciones. Por ahora, queda votar. La peor alternativa será abstenerse. Pero si vota, hágalo para sacar a los apernados de sus poltronas. Vote por cualquiera que no esté apitutado en el binominal.

Las promesas incumplidas de la democracia, en la actualidad, se han radicalizado de manera extrema, conduciendo a una crisis de representatividad que, por desgracia, ve su solución bastante lejana de no darse una necesaria ruptura democrática que llame a una Asamblea Constituyente.

Veamos cuáles son estas promesas incumplidas: 1) Los grupos de interés siguen manipulando el poder -en el caso chileno, el poder se ha repartido entre dos plutocracas que han marginado a las organizaciones sociales-; 2) Las oligarquías persisten prácticamente sin ningún cambio - las mismas familias dueñas de Chile juegan con la democracia a su amaño-; 3) La democracia en el poder no ha logrado terminar con las élites, cada vez más poderosas y vitalicias - el 80% de los diputados pretenden reelegirse en las próximas elecciones del 17 y la Concertación, disfrazada en la Nueva Mayoría, pretende volver al poder, así pues, la alternancia no sería más que el turno en el poder entre ambas oligarquías-; 4) La democracia y los partidos políticos no se han preocupado de la educación cívica de los ciudadanos -aún hay un alto porcentaje de analfabetos políticos que son atraídos por el populismo de derecha (Fra-Fra, Parisi) o, peor todavía, atraídos por las "caras bonitas"-; 5) Producto del analfabetismo político, muchos ciudadanos se automarginan de los procesos de decisión democrática, con la convicción de que de esta manera castigan a las castas en el poder; y 6) El predominio de los gobiernos de la tecnocracia, en que el técnico se cree el dios del Olimpo y, como tal, no tiene el deber de rendir cuentas a nadie.

Por primera vez en nuestra historia en elecciones presidenciales está inscrito el total de electores, mayores de 18 años -trece millones quinientos mil- y, a mi modo de ver, la incógnita principal de los próximos comicios es preguntarse cuántos ciudadanos concurrirán a las urnas, pues mientras mayor sea la abstención, será más fácil para el gatopardismo bacheletista ganar en primera vuelta; por el contrario, mientras menor sea la abstención, es más posible, en este caso, la expulsión de las derechas.

Para lograr una mayor participación ciudadana se hace necesario vencer la desesperanza aprendida sobre todo de la juventud, respecto a un Chile que los segrega en diversos planos; 1) Geográfico, un sector en que se vive como en los países nórdicos y otro como en los países más pobres de África; 2) Educacional, escuelas para "los que nacen con estrella" y otras para "los que nacen estrellados"; 3) Salud, hay clínicas para ricos y hospitales-mataderos para pobres; y 4) En política, una casta perenne en el poder, que sólo baja al llano ciudadano cuando hay elecciones para mendigar su voto, entre besos y abrazos, más falsos que Judas.

La casta política ha hecho todo lo posible para convertir a los ciudadanos en analfabetos, lo que redunda en la marginación de la mayoría de los inscritos -esta vez automáticamente- en la decisión de su destino. Nada más favorable a las élites en el poder que las grandes mayorías se marginen, pues así pueden lograr, con facilidad, repartirse el botín sin que nadie pueda objetar su "legitimidad democrática". En los últimos años, los presidentes han sido elegidos con apenas el 25 por ciento del universo electoral posible -representan apenas un cuarto de los ciudadanos- por consiguiente, moralmente no tendrían ningún derecho de llamarse Presidente de todos los chilenos; al referirnos a los parlamentarios, ni siquiera representan al ocho por ciento del universo electoral.

Sería muy trágico que en las próximas elecciones presidenciales predominara el abstencionalismo, como expresción de desesperanza aprendida, sumada al analfabetismo político, y que nos llevara a la mantención del statu quo. Si esto ocurriera, no habría más que esperar una radicalización de la crisis de representatividad y legitimidad, que debiera dar paso a un movimiento social capaz de agudizar las contradicciones y luchar para poner fin a la democracia de mercado.

(Aparecido en El Clarín [Chile], edición impresa 11 de noviembre del 2013)
(La publicación pertenece a la Fundación Salvador Allende de España y a Víctor Pey y la columna al autor señalado. Fue transcrita íntegramente de dicha edición impresa para Tengo mi Tribuna solo para fines informativos y de reflexión en Internet y Redes Sociales)


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