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jueves, 9 de febrero de 2012

Ahora sí, ¡Hay vacantes!

La construcción en acción (Foto de contexto)
   Me acuerdo hace 10 años como las calles de Santiago y del país sufría un problema económico en común que atravesaba tal realidad a Chile. De entre las áreas productivas que más afectado quedó para los trabajadores es en la construcción. Es de ahí. la razón de cómo la oración "No hay vacantes" pegadas en obras públicas y de construcción era el hit que no solo desilusionaba el sueño chileno y propio de tener pega para mantener a una familia y vivir mejor o por lo menos con dignidad, sino que ha servido al grupo músical "La Contru" la posibilidad de reflejar esta triste realidad nacional con su tema "No hay vacantes".

   La cesantía se puede entender como un fenómeno en donde abundan los despechados del empleo, tal vez porque fue despedido, haya sido ineficiente o tal vez haya renunciado por los abusos que tenía que someter tras la mano del patrón y sus abusos y de que esa desilusión se pueda acumular con el paso del tiempo cuando aún no encuentra puesto de trabajo alguno. Todo esto contraen consecuencias familiares, de matrimonio o amorosas, económicas ya hasta en el uso de los recursos más extremos de realizar en la persona, por simplemente no mencionarlo.

    La región del Bío-Bío no se escapa de esta procesión económica, puesto que es la zona descentralizada (hablemos de cualquier región distinta de la Metropolitana) en que lidera por años los más altos índices de cesantía, y si hablaramos de provincias, todas son reinas de la cesantía. Es decir, si van a Talcahuano siempre habrán gente desempleada en la calle; si van a Lebu, Lota o Arauco, lo mismo; y sucede lo mismo en Los Ángeles, Tomé hasta la ciudad requeteconocida patrimonial de Chillán, en donde el 9% promedio derrama más que alguna lágrima de desesperación a nuestra región y nuestro país a la busqueda de algún puesto de trabajo sostenible para la fuerza prouctiva del país. Esto es considerando en palabras de su alcalde, Sergio Zarar de preocupante por ser la cifra más alta a nivel comunal del país.

   Ahora bien, el Banco Central de Chile entregó hace un par de días uno de los IMACEC (Indicador Mensual de la Actividad Económica) más altos que se pueda conocer: la economía chilena creció un 6,3% el año pasado. Hecho en donde se ha demostrado según la política y el club de la experiencia (los expertos) que Chile está volviendo a estar en un estado de pleno empleo, es decir, hay mucha actividad después de la tragedia del terremoto. Bien. En las construcciones faltan mucha mano de obra que han puesto carteles de hay vacantes. Bien. Pero la región sigue siendo la vergüenza de la cesantía nacional. Mal.
 
    Se espera que a pesar de los problemas que se retumban a la economía como la crisis europea y la larga revolución mediooriental, estas cifras se puedan revertir. Pero entender que se diga que nuestro país tenga pleno empleo, será un logro posible del gobierno para subir sus puntos en las encuestas o una forma de recuperar confianzas populares en el o un buen argumento de ser parte de la cuenta pública del 21 de mayo. Solo les recomiendo que vean la realidad, hablen con un trabajador de la construcción empleado para luego poder creer estos y muchos datos más.

lunes, 24 de octubre de 2011

Que no se apague la letra

Dedicada a la memoria y en homenaje de quien fue periodista y profesor de Periodismo de la Universidad de Concepción en vida: Hugo Olea Morales.
  
   Se prende la mecha, de esa mecha que nunca falla a cualquiera; al prender, veo la luz del hecho noticioso que ilumina en mi mente y es a el a quien debo seguir en cada momento. Que no se apague la letra que difunde el discurso de la persona, para que así sus dichos puedan llegar a ser meditación de la masa popular y lleguen primero a mi croquera que ha de ejercer.

  Sigue la luz encendida por la mecha del suceso y al mirar esa flama se ven impregnadas miles de letras en todas sus formas y caligrafías. Cada pregunta que hago como periodista y cada dicho que me responde una figura se eleva al aire como combustible a esa flama, que se va construyendo de a poco como casa en la roca. Que no se apague la letra que arma el contexto del hecho, para que así la noticia y la columna que voy construyendo sea el texto que haga derramar de conocimiento al lector o auditor.

   La luz la mantengo con cuidado bajo un manto de delicadeza cada vez que termino de observar un suceso. Que no se apague la letra que traslado hacia mi escritorio, con tal de escribir a máquina o a computador y que arda lo visto y oído en un acontecimiento para que ese fuego de comunicación se traspase al medio en que desmpeño y pueda dar calor a aquellos que necesitan para informar tanto en mi ciudad, en mi nación o en el mundo que rodea.

   Las leyes de la vida traen sorpresas como el vencimiento del funcionar de nuestros cuerpos mortales.  A veces la vida es como una vela: tarde o temprano se apagará el fuego que nos mantendrá la existencia y pasaremos a otra etapa, pero lo que redactamos,  escribimos e incluso reporteamos nunca se apagará ni como letra ni menos como fuego, pues es ese fuego que encendemos se elevará nuestro espíritu dejando un gran legado hacia las futuras generaciones y habiendo también elevado una gran huella marcada en papel para la historia y sociedad que vamos construyendo como periodistas y comunicadores ayer, hoy y siempre. Que no se apague la letra, nunca.

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