Se prende la mecha, de esa mecha que nunca falla a cualquiera; al prender, veo la luz del hecho noticioso que ilumina en mi mente y es a el a quien debo seguir en cada momento. Que no se apague la letra que difunde el discurso de la persona, para que así sus dichos puedan llegar a ser meditación de la masa popular y lleguen primero a mi croquera que ha de ejercer.
Sigue la luz encendida por la mecha del suceso y al mirar esa flama se ven impregnadas miles de letras en todas sus formas y caligrafías. Cada pregunta que hago como periodista y cada dicho que me responde una figura se eleva al aire como combustible a esa flama, que se va construyendo de a poco como casa en la roca. Que no se apague la letra que arma el contexto del hecho, para que así la noticia y la columna que voy construyendo sea el texto que haga derramar de conocimiento al lector o auditor.
La luz la mantengo con cuidado bajo un manto de delicadeza cada vez que termino de observar un suceso. Que no se apague la letra que traslado hacia mi escritorio, con tal de escribir a máquina o a computador y que arda lo visto y oído en un acontecimiento para que ese fuego de comunicación se traspase al medio en que desmpeño y pueda dar calor a aquellos que necesitan para informar tanto en mi ciudad, en mi nación o en el mundo que rodea.
Las leyes de la vida traen sorpresas como el vencimiento del funcionar de nuestros cuerpos mortales. A veces la vida es como una vela: tarde o temprano se apagará el fuego que nos mantendrá la existencia y pasaremos a otra etapa, pero lo que redactamos, escribimos e incluso reporteamos nunca se apagará ni como letra ni menos como fuego, pues es ese fuego que encendemos se elevará nuestro espíritu dejando un gran legado hacia las futuras generaciones y habiendo también elevado una gran huella marcada en papel para la historia y sociedad que vamos construyendo como periodistas y comunicadores ayer, hoy y siempre. Que no se apague la letra, nunca.

0 comentarios :
Publicar un comentario
¡IMPOSIBLE NO COMENTARLO!