jueves, 23 de febrero de 2012

En el nombre de... Quirino Lemáchez (Camilo Henríquez)

Retrato de Camilo Henríquez, director de "La Aurora de Chile".-

           Hoy quiero brindar por un grande, que de la sensible pluma marcó tinta en la que fuera la primera imprenta de Chile. Hoy lo quiere saludar un escritor cualquiera cuya ciencia de la naturaleza e inteligencia dado por el de arriba marca huella junto a miles como yo el sabor a informar para con el mismo pueblo que recibió por más distinto que hayan sido las épocas, el dulce sabor a letra de la libertad.

            Hoy lo quiere saludar un estudiante y futuro colaborador de una rama de la cual ha llegado a ser al lado del amor a Dios y del varón de Galilea en una vocación para el bienestar común, un empeñoso escritor y forjador de la historia quien ha sabido desde aquellos diez años conocer tu nombre, ese nombre que dio el grito de revolución a la forma de informar y de dar buenas nuevas en una nueva sociedad que iba surgiendo tras emancipar de la realeza española.

            Algunos lo llaman Camilo Henríquez, un fray de origen valdiviano quien recibió un gran tesoro como la imprenta y has sabido emprender para dar a reflejar su bello pensamiento en un Chile independista, en un Chile por donde la dignidad, el patriotismo y por sobretodo la humanidad se empape el espíritu forjador del chileno, pero quiero llamar como solías hacerlo en forma revolucionaria: como Quirino Lemáchez.

            Si tan solo supieras, Quirino, las maravillas que pasan en nuestra forma de dar buenas nuevas en la República de Chile, pero créame, el camino de lo que se llaman ahora la comunicación y el periodismo no han sido fáciles. Un año después de que murieras, nació frente al mar “El Mercurio de Valparaíso” y siguiendo a “El Faro del Bío-Bío” en mi querido Concepción, entre muchos otros nombres, han puesto en puño, letra, metal, tinta y papel el testimonio vivo de nuestra historia.

            Muchos de esos nombres perecieron en el intento, las cajitas musicales ayudaron a sonar los acontecimientos a varias manzanas de distancia y algunas bolas de cristal dieron reflejo de ellos muchos años después. Ni se imagina cuántas veces tus herederos sufrieron censura por las dictaduras, fueron muertos por otros poderes, perseguidos y hasta fue saqueada su materia prima vital para sostener en su pan diario de vida y el pan común del pueblo chileno.

            Como no olvidar de aquellos herederos suyos, esos herederos que al igual que yo, escucharon o leyeron tu nombre y han demostrado en base a tus loables valores, el coraje y el sentido que deben pertenecer el anunciar una buena nueva, el de lamentar una mala y el de denunciar junto a ese pueblo feligrés y a la vez orador y predicador las injusticias con las cuales suelen ser aplastado por unos pocos. A todos ellos, gracias les doy porque has instruido el valor de recoger noticias de generación en generación y ellos lo sentirán contigo, porque has sido fuente de inspiración principal para fomentar el periodismo.

            Hoy por más tarde que nunca quiero brindar por el genio que has sacado brillo por el pensar y a la vez en la guía para el actuar ciudadano. De ser por tu aurora, hoy muchos guardan y distribuyen a generaciones de futuros profesionales la habilidad de comunicar a la masa popular. De defender en caso que una bala o el abuso de algunos quiera corromper el ejercicio de reportear y cubrir estando en el acto o lugar de los hechos, como lo es hoy el Colegio de Periodistas de Chile. De no ser por tu “Aurora de Chile”, ese instrumento tan precioso que el oro en cuyo primer número del 13 de febrero de 1812, dijeras en un principio que “los sanos principios al conocimiento de nuestros eternos derechos, las verdades sólidas y útiles van a ser difundirse sobre todas las clases del Estado”, no existiría la información, no existiría la historia, no existiría el Chile con el que estamos ahora, no existiría el periodismo y por sobretodas las cosas de esta tierra, el derecho y la libertad de pensar, tal como lo proclamo por tal noble obra, José Miguel Carrera.

            Es por esto y mucho más, quiero brindar por ti, por nuestro colega el fray Camilo Henríquez, Quirino Lemáchez. Que esto nadie se olvide, ni yo ni mis descendientes que el chileno tiene la libertad de pensar y marcar huella en la historia hace ya doscientos años. No importa en qué área estás, ni el medio que desempeñas, ni cuan chico o grande, ni cuan nacional o poblacional o comunitario sea nuestra labor ni los hechos en que nos suceda. Lo que más importa, es resguardar el valor de la libertad y la justicia que han sabido dar la luz hasta en nuestros días de la mano de un hombre tan noble, creyente de credo y creyente en el mejor común para con sus compatriotas en el pasado, presente y futuro porvenir. ¡Salud en donde quiera que estés, Camilo! ¡Que viva Chile! ¡Que viva el periodismo! ¡Que viva el periodista y reportero! Gracias.

0 comentarios :

Publicar un comentario

¡IMPOSIBLE NO COMENTARLO!