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| Manifestante en Santiago de Chile. |
Se recuerda siempre que en
nuestra sociedad chilena existe un gran malestar en frente a la clase política,
o más bien, a ciertos políticos que no dan una pizca de cumplimiento de sus
promesas generadas anteriormente en campañas electorales. La gota que dio a
rebasar el vaso fue la iglesia católica en donde se dio a confirmar algo que ya
se daba eco hace tiempo.
Están algunos que esfuerzan por
responder a las peticiones que como población requerimos, tal vez poco o nada o
mucho, pero algo. Y están otros que solo calientan sillas o en los casos más
extremos, tiran malicias a su debida y regalada gana como aumentar precios,
lucrar con lo nuestro y lo fundamental o simplemente castigar toda forma que
supuestamente atenta en cualquiera de sus forma los intereses propios por sobre
el interés de la democracia en Chile, democracia que si bien es diversa, no se
respeta ni lo humano ni lo realmente sensato como ocurre a los movimientos
sociales.
Precisamente es con el caso del
castigo lo que genera miedo en las personas. Esto no viene del gobierno de
Piñera, viene de mucho más atrás. No porque la mayoría de lo que leemos estas
lineas y no hayan nacido en época de dictadura, no signifique que no debamos
meter mano a la historia. Como dijo Allende antes de morir “La historia es
nuestra y la hacen los pueblos” lo cual se da a entender que la historia es de
todos sea en el pasado, en lo que vivamos el presente o modelemos el futuro
porvenir. Tenemos derecho a saber y a cambiarlo, pero el miedo de nuestros
antecesores (padres, abuelos, tíos o familiares) impide que ayudemos a sanar
heridas del pasado.
Así es, hoy se vive una
desconfianza hacia la negra política cuyo libro negro llamada constitución de
1980 han sido instrumentos para cometer cochinadas pecaminosas en nuestra
soberanía como ciudadanos. Hablo de corrupciones, conflictos de intereses,
malas prácticas y por sobre todo, la
negra cultura de la buena idea encubierta de una mala idea. Todo ello ha dañado
a nuestra forma de sentir, y cuando queremos cambiar, detrás de una pantalla o
un medio, mete cuco con vanales argumentos y mata nuestra capacidad de pensar,
soñar y cambiar para bien de todos. La desconfianza existe, pero entre medio
está el miedo de los habitantes a que corten las alas para poder volar libre y
evolucionar como seres políticos y seres humanos.
No solo su humilde servidor ha
sufrido un tiempo a ese miedo solo por ser una persona valiente hace meses atrás.
Muchos y muchas sufren ese miedo a que con la valentía de poder romper esquemas
nos apliquen electroshock en nuestras cabezas, con tal de alabar o ser muy
leales a esa negra cultura de la democracia, desde que un poblador dijera ante
el papa Juan Pablo II lo que la negra dictadura hacía en el Chile de los 80
hasta en las conocidas funas a diversas figuras públicas en los últimos tiempos
siempre la negra democracia ha dado amenaza a la valentía, pero valga más tarde
que nunca la valentía fue, es y siempre será un acto de amor y de salvación no
para uno mismo, sino que para miles y miles de hermanos, compañeros, amigos y
personas.
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| Tira cómica de Mafalda, de Quino |
Se acerca el tiempo de gracia
para la política chilensis. Es necesario dejar ese miedo a los demás y que los
demás hagan lo mismo para que la desconfianza sea efectiva. Sea por acción
directa o con el voto, es tiempo de que nosotros mismos saquemos esa negra
democracia de nuestras vidas y cambiemos por una blanca, pura y directa
democracia real o de verdad, porque como define la metanoia en la era cristiana, el cambio parte por uno mismo. Si queremos cambiar no lo hacemos para mal ni para
dañar a nosotros mismos, es para que nosotros mismos levantemos de nuestra caída
y podamos caminar juntos para alcanzar nuestras metas en común tanto en la
educación, salud, trabajo, economía y otras áreas que querámoslo o no son parte
de lo que hacemos en nuestra vida y sabemos hacaerla, y así también alcanzar
nuestra felicidad como personas, como mapuches, como extranjeros, como chilenos
o sencillamente, como gente. Finalizo parafraseando lo que Vicentico cantó una
vez “La canción que es valiente, es canción para siempre”.


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