miércoles, 3 de octubre de 2012

En Chile, la desconfianza parte con el miedo

Manifestante en Santiago de Chile.

Se recuerda siempre que en nuestra sociedad chilena existe un gran malestar en frente a la clase política, o más bien, a ciertos políticos que no dan una pizca de cumplimiento de sus promesas generadas anteriormente en campañas electorales. La gota que dio a rebasar el vaso fue la iglesia católica en donde se dio a confirmar algo que ya se daba eco hace tiempo.

Están algunos que esfuerzan por responder a las peticiones que como población requerimos, tal vez poco o nada o mucho, pero algo. Y están otros que solo calientan sillas o en los casos más extremos, tiran malicias a su debida y regalada gana como aumentar precios, lucrar con lo nuestro y lo fundamental o simplemente castigar toda forma que supuestamente atenta en cualquiera de sus forma los intereses propios por sobre el interés de la democracia en Chile, democracia que si bien es diversa, no se respeta ni lo humano ni lo realmente sensato como ocurre a los movimientos sociales.

Precisamente es con el caso del castigo lo que genera miedo en las personas. Esto no viene del gobierno de Piñera, viene de mucho más atrás. No porque la mayoría de lo que leemos estas lineas y no hayan nacido en época de dictadura, no signifique que no debamos meter mano a la historia. Como dijo Allende antes de morir “La historia es nuestra y la hacen los pueblos” lo cual se da a entender que la historia es de todos sea en el pasado, en lo que vivamos el presente o modelemos el futuro porvenir. Tenemos derecho a saber y a cambiarlo, pero el miedo de nuestros antecesores (padres, abuelos, tíos o familiares) impide que ayudemos a sanar heridas del pasado.

Así es, hoy se vive una desconfianza hacia la negra política cuyo libro negro llamada constitución de 1980 han sido instrumentos para cometer cochinadas pecaminosas en nuestra soberanía como ciudadanos. Hablo de corrupciones, conflictos de intereses, malas prácticas y por sobre todo,  la negra cultura de la buena idea encubierta de una mala idea. Todo ello ha dañado a nuestra forma de sentir, y cuando queremos cambiar, detrás de una pantalla o un medio, mete cuco con vanales argumentos y mata nuestra capacidad de pensar, soñar y cambiar para bien de todos. La desconfianza existe, pero entre medio está el miedo de los habitantes a que corten las alas para poder volar libre y evolucionar como seres políticos y seres humanos.

No solo su humilde servidor ha sufrido un tiempo a ese miedo solo por ser una persona valiente hace meses atrás. Muchos y muchas sufren ese miedo a que con la valentía de poder romper esquemas nos apliquen electroshock en nuestras cabezas, con tal de alabar o ser muy leales a esa negra cultura de la democracia, desde que un poblador dijera ante el papa Juan Pablo II lo que la negra dictadura hacía en el Chile de los 80 hasta en las conocidas funas a diversas figuras públicas en los últimos tiempos siempre la negra democracia ha dado amenaza a la valentía, pero valga más tarde que nunca la valentía fue, es y siempre será un acto de amor y de salvación no para uno mismo, sino que para miles y miles de hermanos, compañeros, amigos y personas.

Tira cómica de Mafalda, de Quino
Se acerca el tiempo de gracia para la política chilensis. Es necesario dejar ese miedo a los demás y que los demás hagan lo mismo para que la desconfianza sea efectiva. Sea por acción directa o con el voto, es tiempo de que nosotros mismos saquemos esa negra democracia de nuestras vidas y cambiemos por una blanca, pura y directa democracia real o de verdad, porque como define la metanoia en la era cristiana, el cambio parte por uno mismo. Si queremos cambiar no lo hacemos para mal ni para dañar a nosotros mismos, es para que nosotros mismos levantemos de nuestra caída y podamos caminar juntos para alcanzar nuestras metas en común tanto en la educación, salud, trabajo, economía y otras áreas que querámoslo o no son parte de lo que hacemos en nuestra vida y sabemos hacaerla, y así también alcanzar nuestra felicidad como personas, como mapuches, como extranjeros, como chilenos o sencillamente, como gente. Finalizo parafraseando lo que Vicentico cantó una vez “La canción que es valiente, es canción para siempre”.

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