
La tele, un artefacto para los que viven de la arquitectura y un instrumento para los que vivimos de la sociedad y de la cultura del conocimiento. Lo que si bien era un experimento que fue usado para la educación y el servicio comunitario a manos universitarias entre los años 50 y 60; se transformó en elemento masivo en los 70 desde un cambio popular a un cambio censurado durante 17 años de dictadura. Abrió caminos de libre expresión al volver la "democracia", que al ocurrir dicha transición ha dejado el modo del entretenimiento encendido y sin alterar durante los últimos 23 años: hoy, en pleno 2013 se pueden ver las diferentes consecuencias ante las pantallas.
La tele está cavándose su tumba solita, esto es debido a que los formatos que solían haber revolucionado hace 10 o más años atrás, ya no están dando el encanto a una sociedad que al transcurso del tiempo se ha evolucionado -como ocurre en la cadena evolutiva del ser humano- hasta convertirse en una sociedad bien 3.0, en donde la lógica binaria de la Internet y las redes sociales mandan por sobre el rating. Una sociedad que se transformó de meros espectadores a constructores de su mirada ante la realidad. Una sociedad, que si bien se encuentra enjaulada en las leyes del mercado, valoran la libertad de qué ver y a qué hora ver.
Pero más allá de ello, se enfocará en esta ocasión, a la calidad en relación al contenido y mensaje que transmite al público. ¡Eso! La carita visible que te señala como barco fantasma de colores y te oferta como un producto de supermercado si te atrae con sus juegos de luces y si la necesitas para satisfacer sus necesidades de tomarse un descansito en el sillón o cama y "pasarlo suuuuuper bien".
Cuando supe estando fuera de Conce por medio de algunas bocas de que el "emblemático" programa juvenil Yingo de Chilevisión llegaba a su fin a principios de febrero, me daba la impresión de que era un típico trollface o broma que acechaba en el camino, pero al volver a mi ciudad, me percaté que era cierto: El programa más reclamado de la tele llegó a su caída tras 6 años ininterrumpidos en el aire ¿La razón? El bajo rating, y más allá de los tecnicísmos, de la poca credibilidad de la gente por sobre de esos programas que solo traen a gente común y silvestre al negocio mafioso de la farandula por sobre librar de las drogas, la estigmatización y la delincuencia para entregar valores de verdad y salir adelante como buenos jovenes y personas.
Otra disonante se encuentran en programas de farándula que obviamente se encuentra dispersos en los canales para los que capten en cable, antena o la parabólica en el ámbito local y nacional ¿Qué valores entregan ellos? Nada, solo enseñan a ser un rostro bonito, una persona que debe depender de una marca del cocodrilo, que debes realizar cuanta operación o cirugía para lucirse al final como pariente pobre de Hollywood, todo sea con el fin de argumentar de que 'el dinero y el glamour echa a andar la felicidad' lo que se gana y se genera desde la envidia hasta en los robos de dichos accesorios todo para alcanzar su estatus de famoso. La farándula en vez de hacer avanzar tres pasos adelante, retrocede seis pasos hacia atrás.
También la vemos en los realitys, ese producto mega genial que muchos lo ven por la mañana, por la tarde (con suerte) y por las noches en horario estelar. Hoy en día, el canal Luksic (el 13) transmite Mundos Opuestos 2, una metáfora entre cielo e infierno bajo un encierro. Las infidelidades, mentiras, peleas, el inesperado retorno de un Mauricio Israel que se encierra para supuestamente ganar el premio y pagar su enorme deuda con la sociedad, ya no conquista a nadie y mucho menos, a la gente que se encuentra de vacaciones. Lamentablemente los realitys ya se agotan sus fuerzas al ver que nada contribuye al país, ni con la plata que reciben de sus auspiciadores, ni menos de su contenido: Tal como advertían sociólogos y expertos de la televisión es un negocio rentable por fuera, pero que por dentro atonta la realidad que nos rodea.
El peor pretexto que se le puede ocurrir frente a esta inminente crisis la dicen los mismos cabros de la tele: "Para qué están criticando la tele y piden más calidad y contenido, si igual la ven" Claro, es eso lo que nos impuso la cultura maldita de la dictadura y el tiempo de "democracia" y lo que nos quieren hacer que los creamos. Pero no, la tele al igual que la política se está derribando de a poco su ego de más de 20 años; uno hecho de adobe y paja (léase como paja de campo) que con el paso del tiempo se ha vuelto incrédulo y poco confiable en la gente. La respuesta de ello lo decía el grupo Conspirazión "Apaga la tele y prende tu vida", una consigna en la cual la gente se encuentra chato de una tele cuya filosofía de subsistencia hacia la conquista del televidente ha sido más psicópata que empática.
La gente hoy en día quiere volver a traer lo bueno de antes, pero también el clamor popular necesita ser escuchado y tomado en cuenta frente a la realización de espacios culturales y de debate televisado, a fin de que se ejerzca de verdad la democracia como ciudadanos y/o sujetos populares.
Otro de los vencedores gestores de esta época de decadencia han sido los canales comunitarios, quienes hace muchos años han sido en varias poblaciones, ciudades y pueblos de todo Chile LAS alternativas a los medios tradicionales siempre enfocado al ambiente local que los rodea y de la verdadera información que pasa en Chile y en el mundo que en otros lugares son callados. Acordemos que hace varios años ellos encabezaron una larga cruzada crítica frente al modelo de la televisión con sabor a mercado. Y ahora, que ya se está viendo el momento de la crisis en las grandes cadenas, se encuentran guateados varios de ellos. Algunos por falta de financiamiento, otros por corta periodicidad en sus programas y todos por la incertidumbre que tienen ante la promulgación de la ley de televisión digital y la distribución que el Estado los entregará como frecuencias.
Entonces la tarea que debe cumplir estas miniseñales será la de no dejarse caer los brazos para demostrar con mucha fuerza y ejemplo de contenido y calidad (pese a lo poco y nada de recursos que tengan) ante el país para que no solo el Estado se haga cargo de una legalización de éstas, sino que también genere en gran parte un despertar hacia las masas ciudadanas, sociales y populares en el país para que el día de mañana exista un cambio que nos beneficie a todos como sociedad. Y en cuánto a la gente, es tiempo ya de no solo ver tele, sino que hacer una y participar en ella, ya que de seguro el día de mañana nos servirá caleta con construir ciudadanía, levantar comunidad y tal como los sociólogos Berger y Luckmann siempre hablaban, somos nosotros y todos como sujetos activos los que construimos y cambiamos la realidad, y mucho más allá de depender con presionar un botón del control remoto y asombrarnos en nuestros sillones frente a una caja mágica como la televisión. De nosotros depende que ese cambio real exista.
1 comentarios :
Excelente nota. Claro que lo comento. Muy bueno. Eduardo Codina
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