jueves, 14 de abril de 2011

La parábola de la carrera en la universidad.

   El estudio en una universidad es semejante a aquel campo de batalla de la primera o segunda guerra mundial. Cuando tienes 18 y se acaba el momento de disfrutar con tus amigos y compañeros con quienes han tenido lindos lazos por 12 años o menos, y uno siente en su instinto que el destino de la universidad le llama, para algunos, sus padres se quedan convencidos porque es lo mejor que pueden sacar provecho para su futuro, para otros, sus padres se entristecen porque sienten miedo a que su hijo o hija se encuentren lejos de casa. Cuando la decisión se hace un poco difícil y lo único que depende es tu corazón y conciencia, lo que dictaba el corazón de ir a la universidad para un mejor futuro y ser alguien en la vida, ese sentimiento les llegó al corazón de los padres; unos uniformes, instrumentos y petacas fueron arreglados para que ese joven transformado en adulto, salte y vuele hacia el otro lado de la vida.

    Al primer año, uno no suele manejar bien las armas, y el joven tiene que sufrir las granadas y alocados líquidos que arrojan los tenientes de segundo año de una carrera, muchos son los que arriesgan a soportar el ritual, pero muy pocos son los que huyen de ella. El estudio en una universidad, es semejante a un campo de batalla, ya que, entre todos competimos para sobrevivir la dura prueba de seguir adelante y poder llegar a ser un profesional insertado en el mundo laboral, a veces ganamos y a veces perdemos. Cuando ganamos, nos sale una sonrisa "de oreja a oreja", pero cuando sufrimos una herida siempre hay un sargento que te motiva a levantarse o un amigo o amiga enfermera quien te puede curar las heridas cuando estás triste y abatido.

      Por el pasar del tiempo, cuando el cadete sufrió los mil y un dolores producidos en los primeros años, al estar en segundo o en tercer año, el cadete se siente fuerte siempre que haya soportado los dolores, de los muchos, muy pocos murieron en el intento y algunos también desistieron de probar lo que para ellos puedan llamar "un mal sabor a derrota", dejando de lado la oportunidad de ser valioso y útil para la patria. Pero para aquel que sigue adelante, tiene la sólida creencia en jamás darse por vencido y de luchar al final. Y cuando el cadete convertido en soldado llega a cuarto y quinto año de la carrera, tiene que aumentar aún más el ritmo para ganar el honor, y cuando el soldado lo consigue, esa "medalla de honor" que se obtiene al graduar al final de los estudios de la universidad, irradian al soldado mismo ascendido a un mando superior, a su familia y a sus amigos, compañeros y conocidos en quienes creyeron en el y en su esfuerzo.

       Como lo ven, el estudio en la universidad es semejante a un campo de batalla, duro, frío y con muchos obstáculos para muchos. Pero para los que quieren seguir adelante, de lo frío se transformará en calidez grato para la mente y espíritu, lo duro se hará fácil de manejar y los obstáculos incentivarán a que nosotros mismos seamos capaces de saltar muy alto la valla de al frente. La enseñanza que nos deja a esta parábola, es que jamás nos demos por vencidos, seamos valientes y optimistas en el día a día, y lo más importante, si no tenemos fe, perderemos una batalla cuando creíamos haberlo ganado. Les dejo invitados a una bella reflexión, después de haber escrito y relatado, ésta parábola. 

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