domingo, 3 de julio de 2011

Un desafortunado viaje en una Tucapel Santa Sabina


Cuando uno va de retorno para la casa de la universidad, todo se entorna en un ambiente de relajo, desahogo de penas pero también de satisfacción por lo que uno hizo en la agenda diaria, por sobre todo si se trata de viajar en una micro tradicional de la calle Maipú a un barrio; Este hábito que se ha transformado en parte del alma penquista, lo es también para mí.  Acababa de dejar a una amiga en Castellón con Maipú y me había fijado en el reloj de que la hora me señalaba las 7:30 de tarde, al ver ese reloj me generó la sensación de apresurarme para llegar a mi casa y esperar a recibir a mi mamá. Para tal situación, decidí tomar una micro Tucapel que de entre los destinos se encontraba Barrio Norte; me subí a esa micro y comienza, para mí, el recorrido.
Al entrar a la micro, andaba trayendo a mano un porta documentos de cuero que con un  “Viva Chile” grabado en ella portaba mi pase escolar, lo usé para mostrar el documento al chofer y pagar el pasaje estudiantil, a pesar de que uno de mis vicios habituales es sacar la plata con lentitud y algo de torpeza para poder pagar. Terminado ese largo trámite, tenía que ver en dónde sentarme, y desgraciadamente me había percatado de que estaba bastante copado el universo de pasajeros sentados, salvo un par de secundarios que estaban de pié. No me daba por vencido en sentarme y  veo que mucho más allá del “universo” se encuentra a un lado del chofer, un par de asientos adicionales vacíos.
Al ver esos asientos desocupados a la diestra del conductor, la lógica dice que tengo que preguntar al chofer “¿señor, puedo sentarme aquí?” Al seguir esa forma educada, fue posible sentarme adelante. Todo iba bien en el camino, y en el trayecto más gente se subía y se apretaban como sardinas en lata; mientras que yo, iba muy feliz de la vida. Mi porta documentos lo tenía guardado en un bolsillo de mi casaca, y tenía que bajarme en Galvarino con Ventus, y apenas restaba una cuadra de destino, me paré del asiento y la micro estaba colapsada de pasajeros, que al poder pasar de entre la muchedumbre, bajarme de la micro y salir de ella, reviso todo y veo que en mi casaca no está el porta documentos que tenía mi carné, mi pase y mi tarjeta universitaria.
Cuando quería alcanzarla, era demasiado tarde para mí. Desgraciada micro Tucapel, que con su popularidad y exceso de pasajeros frecuentes, me frustró toda mi alegría que tenía. He perdido algo valioso en medio del camino, pero sé que algún día lo podré recuperar en manos de una persona honrada de buen corazón.           

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