Con ansias esperaba el lunes, volver a ver a mis compañeros y a mis amigas tras varios días en la distancia entre una casa o una ciudad con mi Conce querido, llegado ese día nos encontrábamos en una asamblea crucial, ya que en ella se decidía si la entonces única carrera que no se encontraba paralizado cambia el switch y se congela lo académico para sumar a la gran cruzada por una mejor educación. Con una gran mayoría, Periodismo decidió irse en paro quedando la Universidad de Concepción totalmente paralizada. Los motivos que llevaron a tomar la decisión por respeto a mis "futuros colegas", amigos y amigas no lo mencionaré.
Terminado una parte de trabajo con un grupo cuando mi reloj marcaba las 9 y media de la noche decidí caminar para ahorrar plata para el pasaje. Llegando a mi barrio querido en el pasaje en donde vivo, escucho derrepente sonido de choques de cacerolas y metales. Mi instinto de joven reportero con cámara en mano me tentó a acercar al lugar de los sucesos; tras varias cuadras transportadas en mi cuerpo llego al paso sobre nivel Lientur, el puente principal que conecta Barrio Norte con Villa Cap y Teniente Merino, y fue allí que sucedía un cacerolazo.
"Hola compañero tanto tanto tiempo" me decía un amigo que conozco que con un pedazo de fierro golpeaba los barrotes del puente, el estar ahí me dio hambre de guardar memoria histórica lo que allí sucedía, me quedé totalmente impresionado al ver y creer que algunos de ellos se sintieron motivados al leer mi artículo anterior. Diez de la noche terminaba el cacerolazo que fue exitoso y pacífico. Converso con el mismo compañero y al mencionar de lo que pasó en mi carrera los vecinos de mi amigo que seguían aplaudían de alegría por lo ocurrido, pero cuando digo que mañana iría a marchar, me dijo que fuera cauto y que me cuidara.
Parte dos: El "loco" que fue a marchar por primera vez
Ya era martes 9 de agosto, me desperté a las 6 de la mañana y me levanté a las 8 del día, a finiquitar un trabajo teórico-práctico con mis amigas del grupo, lograda la gestión entrego al lugar pertinente y me encuentro con ellas en la diagonal a minutos de comenzar la marcha por la eduacación. Partimos en Plaza Perú y con "A crear, construir el poder estudiantil" en Paicaví comenzaba mi descontento por el modelo educacional hecho con defectos de fábrica y que ni a los chilenos en su mayoría les gusta.
Como anécdota, doblando yo y la masa protestante de Paicaví a O´Higgins, mis zapatillas estaban literalmente desabrochadas que una pisada en falso casi me costaba varios tropezones para mi cuerpo, algunos chiquillos me pidieron que tuviera cuidado; y mis amigas, lo mismo. Paré en una cuadra para abrochar mis zapatillas y me reintegro con ellas.
"Vamos compañeros, hay que ponerle un poco más de empeño, salimos a la calle nuevamente, la educación chilena no se vende ¡Se defiende!..." la lucha seguía en O´Higgins y en esa misma calle en una de sus cuadras, se encontraba la municipalidad de Concepción y era impresionante como funcionarios municipales lanzaban globos y serpentinas en apoyo al movimiento estudiantil. La masa protestante gritaba con aceptación y mi pulgar hacia arriba en dirección a una funcionaria me respondió con dicho gesto por lo bien que íbamos haciendo; mis amigas se sonrieron al haber hecho esa pequeño pero gran detalle.
Pasado de la muni, doblamos hacia Lincoyán. Mis amigas y yo nos salimos de la masa para ver si encontrabamos a un chiquillo o chiquilla de periodismo manifestando, yo iba viendo de que carreras eran y llegando con su distintiva correspondiente nos acercamos y la carrera en sí tenía un poco más de representación que de costumbre. Si antes marchaban cinco; para esa ocasión éramos veinte o más. En Barros Arana, camino a la Plaza Independencia hice uso de un minuto de fama, cuando cantaba con fuerza "Y va a caeeeer, y va a caeeeeer, la educación de Pinochet..." que los de atrás me seguían. Fue bonito mientras duró.
En la misma plaza en donde "el padre de la patria" proclamó la independencia de Chile, la masa protestante se detuvo en medio de ella, mientras un grupo de representantes entraba a la intendencia para enviar una carta de solicitud a las autoridades regionales pidiendo que exista un plebiscito para que el pueblo decidiera sobre el asunto de la educación en Chile. Lograda la gestión, volvíamos al punto de partida.
En la plaza Perú a las 1 y media de la tarde, la manifestación era totalmente pacífica, unos chiquillos lanzaron un lienzo que daba más de alguna razón para que la lucha siguiera "No + criminalización a los movimientos sociales". Todo bien, pero al ver que a tres cuadras se encontraba un carro policial, le avisaba a mis amigas que se acercaba para donde estabamos. Cuando parte de la masa avanzaba casi una cuadra de Chacabuco, mi mejor amiga me dijo "Sandrito, (así me llaman algunos compañeros) creo que deberías ir mejor para tu casa porque las cosas se van a poner dificiles". Al escuchar eso comprendí que mis cuatro amigas con quienes iba acompañando se sentían preocupadas de mi, que decidí hacerles caso. Me despedí una a una y a la última como la quiero mucho le dije que se cuidara mucho, como dije una vez la amistad es útil para los momentos alegres y felices pero también para los momentos de crisis, temor y angustia, además una verdadera amistad se cuida entre todos, y es algo super bonito que rescato.
Huí en un principio porque se acercaba el carro policial, pero al estar en las veredas de la diagonal me dio un aire de seguridad que fui a la casa de mi abuela, y ella me retó porque iba saliendo a las calles, no me creía lo que contaba con la verdad, solo lo que un canal de Tv mostraba en Santiago. Llegué más empapado que aquel que hubiese recibido la chorrera de agua emitida por el guanaco, pero mientras no haya un plebiscito en donde es la gente y solo la gente que decida sobre que educación debe tener Chile, la única vía que queda para demostrar el descontento del clamor popular es manifestando y protestando por lo que a ninguno le gusta: Una educación con piezas defectuosas hechas en fábrica hace 30 años atrás. El loco fue a manifestar por primera vez y se siente satisfecho de haberlo hecho. Un punto aparte y final, gracias a todos los que me leyeron y apoyaron en el artículo anterior, y que bueno que hayan vuelto los cacerolazos y que sigamos metiendo ruido caramba para que haya un real cambio no solo para mi, sino que para mis hijos, mis nietos, mis sobrinos, mis primos, mis amigos, ustedes y toda esta larga franja de tierra de Arica a la Antartica. ¡Viva Chile! ¡Que vivan los estudiantes! Gracias por su atención y de nada por el mío.

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