Escrito por Javier Romero T.
Fernanda es una bella joven de pelo rubio que estudiaba en un instituto profesional. Ella era parte de un grupo inseparable junto a 3 bellas amigas, pero ella era la soltera del mismo grupo, puesto que, el resto se encontraban pololeando con algún hombre. Dicha situación la hacía sentir bastante sola en su corazón, pero a pesar de ello siempre iba a la par con Pamela, Andrea y Carolina quienes siempre lo pasaban genial en el mall, en el parque o en las fiestas que organizaba en el departamento de Fernanda.
La historia comienza una mañana cualquiera cuando Fernanda y sus amigas pasaron un buen rato en el cine tras haber visto la película más taquillera del momento y el grupo decidió cruzar por la pasarela del Mall Plaza Trebol hacia donde se ubica el famoso Suractivo, al frente. Mientras las amigas esperaban a que llegara algún taxi; a cien metros del lugar de espera, andaba Gabriel, un moreno con la vista digna de todo un galán de moda pero que era un sencillo recolector de basura de Hualpén, y este al igual que Fernanda, también se sentía solo en el amor, pero eso no impedía la convicción de salir adelante desde abajo y con lo que disponía. El andaba en un camión de basura junto a 2 compañeros de trabajo cuando vagaba en la nada su mente y de pronto vio los ojos hacia al horizonte a una linda joven que con su pelo rubio liso iluminaba un respladeciente aura como el de las santas y que lo sorprendía como nunca: de ahí, el destino flechó a Gabriel por esa mujer de ensueño.
Pero los colegas de Gabriel planearon lanzar a la chica y sus amigas; y el, encontró en medio de la basura, una linda rosa roja en estado frésco; y en medio de los piropos y trozos de basura que lanzaban sus colegas, Gabriel lanza la rosa. Los desechos le llegaron flotando al aire hacia Fernanda, a quien asustada de tanta asquerosidad trataba de limpiar el pelo y la ropa y de pronto toma de su hermoso pelo la flor que lanzó aquel joven flechado por el amor. Fernanda miraba hacia el camión y Gabriel asomado en el carro sonríe enamorado frente a la bella muchacha, y mientras los colegas se picaban tirando las típicas tallas que se usan cuando uno está enamorado, y el grupo de la Feña hacía lo mismo para con su amiga. Durante el resto del día, Fernanda no volvió a tocar el tema.
A la noche de ese mismo día, Fernanda llegaba muy agotada a su departamento, que decidió echarse a dormir y al teletransportarse a los sueños, se encontró en un bello palacio blanco. Se escuchaba el vals del “Danubio azul” y salió al mismo tiempo del inicio el mismo muchacho sonriente que vio esa mañana con una vestimenta que no tenía que envidiar a un digno príncipe. Cuando se acercaban lentamente, progresivamente era mayor la sensación de bailar esa pieza de vals; y la pareja se pusieron a bailar como en aquellos cuentos de hadas, pero de pronto, el muchacho sufre un resbalón en el piso de mármol y se cae. Fernanda se percata que ese joven tenía un horrendo moretón en una de sus mejillas, la vista de ambos se acercaban mucho más, que cuando ese acercamiento se iba a transformar en un bello beso boca a boca, el sueño se esfuma en la mente de la rucia.
Despertó Fernanda al día siguiente y sintió de nuevo el corazón vacío quedando las ganas de dar ese anhelado beso, y ella sin pensar dos veces, se atrevió al mediodía indagar quien era ese humilde pero romántico joven que lanzó aquella rosa. Salió de su departamento en el centro para dirigir hacia Hualpén en busca de ese hombre llegando al vertedero municipal; Francisca sin temor a soportar el fuerte aroma y grotesca forma de la basura, entra al vertedero, y habla con el portero del lugar:
-Disculpe, señor, buenos días ¿Usted ubica a un joven moreno, con pelo y cara de galan como la de…?
-Señorita, tienes que esperar que en un ratito llega -responde el portero.
Media hora de espera bastó como para que llegara el mismo camión de la basura que vio ayer y baja del contenedor de ella Gabriel, al mirar a esa joven que la cautivó, el tímidamente dijo:
-Hola.
-Hola –respondía con la misma sensación Fernanda.
-Tu debes ser esa belleza que tocó mi corazón -hablaba calmado Gabriel.
-Y tú quien me tiraste una flor de la basura. Hola me llamo Fernanda, mucho gusto –hablaba sonrojada Fernanda al joven.
-Yo me llamo Gabriel, el gusto es mío –lo respondía lo más cortés posible Gabriel.
-Oye Gabriel, que bueno que nos hayamos encontrado aquí pero no se en donde nos podemos conversar –dijo Fernanda ansiada pero preocupada.
-¿Demos una vuelta al lugar? –propuso Gabriel a Fernanda.
-Sí porfa, acompañame –lo aceptaba muy favorecida la muchacha.
Gabriel y Fernanda hallaron y se subieron a un montículo lleno de basura y de cachureos tapada con tierra y ambos se ponen a conversar. Gabriel pregunta:
-Y dime Feña ¿A qué vienes por acá?
-Vengo a hacerte unas preguntas ¿Porqué me lanzaste una flor ayer? –dudaba Fernanda.
-Mira ¿Tu has escuchado alguna vez un refrán que dice que la basura de uno es el tesoro de otro? –lo pregunta sabiamente Gabriel.
-No –responde con seguridad Fernanda.
-Mira, cuando una persona sin querer bota una flor bella sin dar cuenta del buen estado que lo tenga, a quien lo halla después en vez de ser una basura despreciable y será un tesoro preciado y valioso que puede ser arrojado a un pololo, polola o novia ¿Cómo eres tú en perfil? –pregunta Gabriel a la muchacha.
-Bueno –responde Fernanda- yo estudio trabajo social en un instituto, vengo de una respetada familia de Vitacura, me gustan las películas, preparar ricas comidas y gozar la vida al máximo, tengo 20 años.
-Igual que yo, también tengo 20 -dijo sorprendido Gabriel.
-A mi también me gustaría saber ¿porqué un hombre tan hermoso trabaja como recolector de basura? -lo pregunta con inquietud Fernanda.
-La verdad amiga, es que nunca terminé la media. Yo nací cerca de aquí, en la población La Emergencia, allá pasan hartos problemas y yo las he vivido por mucho tiempo el sufrimiento que me atormentaba. Mis papis eran drogadictos; la marihuana y la pasta base lo hacían transformar como los seres más violentos del mundo: me pegaban, me abusaban, me mandaban a traficar droga por ellos, pero un día un amigo preocupado se dio cuenta de lo que me pasaba y me dijo que atreviera a denunciar para que siguiera sucediendo. Hice la denuncia en compañía de mi amigo en una comisaría de carabineros y finalmente me alejé de mis papis cuando lo llevaron presos, tenía eso entonces 10 años y le cedieron la tutela a un tío quien me quería muchísimo pero murió hace 5 años en un enfrentamiento por ajuste de cuentas, y cuando estudiaba en el liceo, no tenía casi nada de plata como para seguir adelante, que me fuí cuando estudiaba 2º medio. Ahora trabajo como recolector porque necesito algo como para poder subsistir, no hay otro trabajo que requiera el segundo medio y además porque siento que el destino me dejó solo, sin compañía, pero igual quiero salir adelante.
Las palabras de Gabriel le hicieron llegar al corazón de Fernanda y ella emocionada y preocupada dice:
-Pucha amigo, me hiciste llorar de corazón tu historia -y ella comenzó a recordar el gesto de solidaridad que dejó huella San Alberto Hurtado, de dar hasta que duela. Al pensar en ello, reflexionó y comenzó a motivar al muchacho- ¿sabes? Yo te quiero ayudar, yo quiero verte salir adelante de este lugar.
-Pero ¿por qué amiga? Si veo que para mi es demasiado tarde como para terminar mis estudios -replicaba en forma suave y pesimista Gabriel.
-Mire Gabriel -responde sinceramente Fernanda- lo que pasa es que yo soñé anoche contigo que nos acercábamos a bailar, cuando dimos el primer paso, soñé que te habías resbalado pero te recogía del piso con tal de seguir en el baile. Nunca he visto una persona tan humilde pero tan lindo de corazón y quiero ver a mi principe levantarse del suelo para seguir bailando conmigo, que tengas una vida y un futuro lindo. Te amo.
-Yo también te amo y gracias por levantarme, mi reina.
En medio del basural y el sol en dirección hacia ellos como foco brillante, Fernanda y Gabriel se levantaron después de haberse sentado a conocer y conversar. Comienza a sonar un eco de vitrola que tocaba el “Danubio Azul”. A ese lazo los unió el destino extraño pero pero digno y valioso de contar como lo es de la basura, y como en todo cuento de hadas tiene un bello final y tal como pasó en aquel sueño la pareja se puso a danzar el precioso vals, y cuando los violines daban punto final a la pieza, los dos se acercaron labio a labio para poder sentir ese cariño y beso amoroso como nunca lo vivieron en sus vidas. Con eso daba inicio el amor entre estos dos mundos.
Unas semanas después, Fernanda lleva a Gabriel a Santiago. El muchacho no lo podía creer lo grande, bello y moderno que estaba cuando llegó a la capital. Ambos iban rumbo a la casa de los padres de Fernanda a presentar a su ya nuevo pololo; cuando Fernanda dio a presentar a Gabriel, los padres no le tenían buenos ojos frente a el, pero cuando Fernanda cuenta la triste historia del muchacho, los padres cambian de razón y deciden apoyar más que en lo económico, en lo moral para que el pudiera seguir adelante y permitir que Fernanda y Gabriel fueran pololos. Durante un año Gabriel estudió los últimos dos años en una escuela para adultos 2 en 1 en Concepción, lo cual lo completó. Pudo rendir la PSU y a el le fue muy bien que pudo entrar al año siguiente al instituto a estudiar al igual que Fernanda trabajo social. Hasta el día de hoy ambos se apoyan y se quieren, que ellos planean casarse pronto para que ese amor que conocieron en ese basural perdura por el resto de sus vidas sin importar de donde vinieron.
La lección final que deja esta historia es que cuando a veces nos sentimos pateados o menospreciados por un amor que no te valora o porque el entorno te deja a veces machacado el corazón, pues tarde o temprano, siempre habrá alguien quien te va a amar y a tomar como un diamante, una pepita de oro o un tesoro invaluable para ese corazón de ese alguien y el de uno mismo. En el amor, la basura de uno es también, el tesoro de otro en su corazón.

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