miércoles, 12 de septiembre de 2012

Hacia Raquel y Sergio, con cariño...

Empieza esta reflexión con una situación bien particular: En medio de un momento de la noche, la cual daba a pensar mi destino como futuro periodista y mi forma de pensar, que como sucede en estos tiempos modernos, es bien recibido por algunas personas, y poco o mal entendido por otros. Entre esa sensación de confusión hacia mi forma de ser, presto entremedio oído a una repentina información que entregaban en la tele cuando eran pasadas la una de la mañana: Me enteraba que la gran periodista y quien fue premio nacional de periodismo en 1991, Raquel Correa había muerto hace rato entonces.

Cómo recordar a esta señora quien junto a otras colegas más derribaron prejuicios en un oficio que años atrás era predominada en sus labores por hombres. A Raquel le tocó vivir el miedo como a todos y todas sus colegas en aquellos años oscuros en las páginas de nuestra historia. Pero ella misma aprendió con sus propios medios las herramientas necesarias para que la capacidad de reportear y entrevistar pueda ser una aguja respetuosa, quiero decir, ser una periodista respetuosa con la gente, pero siempre atrevida a la hora de formular preguntas. Esa era la astucia que debió correr riesgos en muchas veces.


Era mañana del 11 de septiembre y se conmemoraba un año más del archiconocido golpe de estado, y una periodista que buscaba la verdad con el profundo respeto digno de una señorita se ha desaparecido de la tierra, y en medio de una conversación que hacía con compañeras de mi carrera, una de ellas recordaba lo difícil que era ser una entrevistadora como Raquel en preguntar a puertas cerrada a Pinochet, o recordar también por otros hechos históricos como cuando en 1988 diera paso para que un enérgico Ricardo Lagos apuntara el dedo al mismo Pinochet y mencionar con argumentos que no podía seguir más en el poder o la entrevista realizada en el 2000 en donde Agustín Edwards, director de El Mercurio diera polémicas declaraciones hacia los familiares de detenidos desaparecidos. La trayectoria de Raquel Correa fue arriesgada, pero muy digna de ser una persona valiente.

Llega el mediodía, y me entero por un amigo de Facebook un mensaje en el que demostraba tristeza por la muerte de Sergio "Sapito" Livingstone. En un principio, pensé que era una broma más, pero horas después al caminar por otros lados me doy cuenta por las conversaciones de la gente que sí era cierto. Ya se ha ido un gran fundador de TVN, quien pese a también vivir tiempos dificiles como a Raquel, sus comentarios deportivos eran muy seguidos por millones de personas a lo largo y ancho de nuestro país por la cercanía y la constructividad que poseía. Siempre era alegre, mostraba momentos graciosos en el desaparecido programa Zoom Deportivo con su partner, Pedro Carcuro y siempre daba un sentido social y enfoque positivo en el amar como seres humanos que testificaba San Alberto Hurtado y la necesidad de la mejora en la educación. Un querido ex futbolista -uno de los mejores en la historia sudamericana- y amante y hombre de opinión del deporte se nos fue a sus avanzados y valiosos 92 años de edad.

Al ver cómo nos dejan dos grandes comunicadores me hace pensar en que hoy nuestra forma de expresar se ha desmedido o se está viviendo en graves aprietos. Pero ellos han demostrado una forma correcta de creer en lo que parecemos necesario, pero siempre actuando con delicadeza y amor. Ellos eran del club de los muy pocos, pero de esos pocos y buenos sujetos de la comunicación que ha existido en nuestro consciente colectivo. Por un lado lamento y lamentamos sus pérdidas; pero en el otro lado nos alegramos del hecho de haberlo tenido en nuestras vidas. Son grandes ejemplos a tomarlos en cuenta si queremos tener de nuevo un buen periodismo y una buena comunicación. Frente a una hoja de papel de diario, un parlante de radio o una pantalla de televisión han marcado huella en nuestra sociedad y siempre estarán con nosotros en nuestros corazones. Con cariño, hasta siempre Raquel y Sergio, jamás lo olvidaremos.

Javier Romero T.


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