Nunca se supo hasta ahora que una serie de diarios "El Siglo" fueran desenterradas bajo tierras nortinas, que "Punto Final" se cerraba o varios libros de la "Quimantú" (editorial) fueran quemadas justo al mismo día que aquellas ballas calientes explotaran la mayor apertura cultural que se vió jamás en la historia chilena.La cultura fue una de las bases que aportó y fundamentó bases para las futuras generaciones. Pero el señor Censura, nada más se aprovechó de la nobleza de varios quienes podían leer, escuchar, apreciar; y por sobretodo, conocer distintos mundos. ¿Cómo y cuál razón fue la que impidió que esto fuese parte de la herencia nacional?
Todo parte mucho antes de la Unidad Popular, en las entonces publicaciones opositoras al gobierno de Frei Montalva, todo ello bajo un mundo que progresaba y se ponía como Los Iracundos: estaba cambiando y cambiaría a más. Las bases en donde se buscaba paz, amor y revolución para aquella igualdad, justicia y fraternidad volara alto fue una tónica muy importante para dar pase a la conocida cultura popular.
Se acechaban las elecciones en los 70, y con la sencillez en las pinturas y murales y una fuerte proyección a cambios de fondo en la sociedad nacional, gritaban fuerzas en un enérgico ¡Venceremos!. Y aquél pasaje de la década, se supo que la masa social, popular y trabajadora ya podía al fin gozar de un nuevo aire de democracia, aquella que iba a dirigir a un socialismo "a la chilena" y podía romper cadenas que las ataban en poco más de 150 años aquella época.
Bueno, ese aire hermoso expandió como un gigante amable. Su objetivo: que toda expresión cultural esté siempre al alcance de todos los hombres y mujeres para que no falte nadie sin obtenerla. Y una de las cosas hermosas fue el hecho de que la mítica editorial "Quimantú" fuera la fuerza lectora del país, gracias a libros que satisfacían mucho placer en cuanto a contenido y precio que una cajetilla de cigarrillos. Para la gente incrédula en la historia, quisiera mencionarle que no solo de política y filosofía circulaba la editorial, sino que desde La Caperucita Roja hasta revistas para tejer a crochet cubrían la demanda popular en leerlas.
El teatro, las hermosas canciones con sentido como las de Víctor Jara, Quilapayún, Inti-Illimani entre otros, la magia del color en la pintura de Matta en su "Primer gol de Chile" o de la Brigada Ramona Parra impregnadas en murallas o de una hazaña mundial como la de Pablo Neruda -el gran poeta de Parral quien podía escribir versos tristes para una noche estrellada- al recibir su galardón Nobel de literatura en 1971, hicieron de que Chile pudiera vivir su época de oro.
El problema: los sospechosos de siempre diría una serie gringa. "Esto es anti-patria", "Que Cuba", "Que odio" eran argumentos demasiados baratos para quejarse de lo que la gente se podía además de culturizar, puedan formar personas con valores y honradez en su ser como también crear un pensamiento crítico que ayude a pensar y crecer su visión de mundo.
De cierto la Escuela de Las Américas habrán entrenado para que militares pudieran quemar libros o toda obra escrita, sonora o visual solo porque era subversiva el hecho de ampliar culturas y fronteras en la mente, oídos y retina. Varias obras murieron en la hoguera como en los holocaustos nazis de la II Guerra Mundial, otras corren en peligro de extinción, pero otros sobrevivieron a duras penas y hoy forman y formarán parte de este constructo pasado-presente-futuro de la historia chilena como los ejemplares de El Siglo, Clarín, La Cantata de Santa María o un inocente libro de la Quimantú de aquellos años de la Unidad Popular.
¿Será que la envidia generó corrosión en aquellos que solo querían recuperar poder negro a la fuerza y contaminar más con basura neo? ¿O fue solo forma de decapitar letras como lo hicieron las letras de carne y hueso en forma de tortura? Las obras sobrevivientes lo dicen el porqué y las que murieron u oponen a la unidad popular y humanidad guardan silencio hasta hoy, e incluso puede seguirlo hasta en la otra vida.
Continuará...
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