jueves, 5 de septiembre de 2013

El Golpe: lo que la manzanita se pudrió

Foto: "El Golpe: Lo que la manzanita se pudrió"

Una pieza que más incomoda en nuestros días, tiene afecto en la tercera generación en su mayoría. Las vemos en salas de clases, en las aulas, en pasillos y hasta en la calle ¿La calle? Sí, lo es. Porque es en ella donde se alza en voz una causa que si bien podía ser vista para publicidad, aún a 40 años sigue postergada.

Es la educación, la que junto a la cultura, tuvo su máximo apogeo desde 1968 cuando los universitarios de la época buscaban democratizar la educación y su forma de tomar decisiones, hecho que ya cumplió. Luego, con el ascenso a la Unidad Popular, el mismo Allende se dio cuenta que dicho elemento debía ser junto al trabajo y al cobre imprescindibles para que el futuro fuese brillante.

Y fue así que la educación en todos sus niveles podían aprender a sumar, restar, a conocer las ciencias y muchas cosas que hacían de ellos grandes y fuertes en mente y espíritu. La gracia está en que no se pagaba nada, se le garantizaba la calidad tajantemente y que las clases entre distintos grupos socioeconómicos pudieran tener las mismas oportunidades, hecho que se vió alguna vez en "Machuca". Gracias a ella, la educación se convirtió en verdadero flujo de la construcción social del país.

Cómo no olvidar tampoco que aquellos tiempos universitarios gozaban de verdadera democracia. Un caso muy hermoso y que sirvió de inspiración para muchos en esa época, fue ni más ni menos que la Universidad de Concepción, cuyo entonces Rector Edgardo Enríquez ayudó a convertir en un verdadero campo del saber para pensar y poder armar lo que se veía incompleto para este sueño colectivo de muchos integrantes que buscaban un enorme cambio transformacional para bien de sus vidas. 

Los trabajadores y estudiantes fueron grandes aliados por años mozos, hasta que la propia envidia de unos pocos hicieron hervir grandes quemaduras al territorio y se pasó de la raya, cuando el golpe cambió de la igualdad y conocimiento por la rigidez y la militarización del conocimiento, llevando a incluso cerrar carreras y materias que hoy en día fueron transfigurados, otros vuelven a recuperar fuerza y otros ya no están entre los cuadernos y pizarrones.

"A la universidad (y escuela) se viene a estudiar, no a pensar... y si tiene demasiada energía, para eso está el deporte" dijo el tirano en 1999 y lo hizo durante su reforma encubierta en los años 80 con la desgraciada constitución. Hoy es puro mercado, competencias, y si bien las cifras muestran progreso como querían esos algunos hace 40 años, la desigualdad y el espíritu del mismo tirano no se han desvanecido. 

Hoy en día somos los hijos, nietos y sobrinos los que en medio de las calles vemos con preocupación y mientras nada cambia y todo se empeora las cosas en la educación, siempre habrá un ¡Vamos compañeros! en cada alma pidiendo con empeño para que la educación no se venda, sino que se defienda y vuelva a ser la críatura que se merezca ser para todos los pobladores y gente de Chile.

Continuará...

Una pieza que más incomoda en nuestros días, tiene afecto en la tercera generación en su mayoría. Las vemos en salas de clases, en las aulas, en pasillos y hasta en la calle ¿La calle? Sí, lo es. Porque es en ella donde se alza en voz una causa que si bien podía ser vista para publicidad, aún a 40 años sigue postergada.

Es la educación, la que junto a la cultura, tuvo su máximo apogeo desde 1968 cuando los universitarios de la época buscaban democratizar la educación y su forma de tomar decisiones, hecho que ya cumplió. Luego, con el ascenso a la Unidad Popular, el mismo Allende se dio cuenta que dicho elemento debía ser junto al trabajo y al cobre imprescindibles para que el futuro fuese brillante.

Y fue así que la educación en todos sus niveles podían aprender a sumar, restar, a conocer las ciencias y muchas cosas que hacían de ellos grandes y fuertes en mente y espíritu. La gracia está en que no se pagaba nada, se le garantizaba la calidad tajantemente y que las clases entre distintos grupos socioeconómicos pudieran tener las mismas oportunidades, hecho que se vió alguna vez en "Machuca". Gracias a ella, la educación se convirtió en verdadero flujo de la construcción social del país.

Cómo no olvidar tampoco que aquellos tiempos universitarios gozaban de verdadera democracia. Un caso muy hermoso y que sirvió de inspiración para muchos en esa época, fue ni más ni menos que la Universidad de Concepción, cuyo entonces Rector Edgardo Enríquez ayudó a convertir en un verdadero campo del saber para pensar y poder armar lo que se veía incompleto para este sueño colectivo de muchos integrantes que buscaban un enorme cambio transformacional para bien de sus vidas.

Los trabajadores y estudiantes fueron grandes aliados por años mozos, hasta que la propia envidia de unos pocos hicieron hervir grandes quemaduras al territorio y se pasó de la raya, cuando el golpe cambió de la igualdad y conocimiento por la rigidez y la militarización del conocimiento, llevando a incluso cerrar carreras y materias que hoy en día fueron transfigurados, otros vuelven a recuperar fuerza y otros ya no están entre los cuadernos y pizarrones.

"A la universidad (y escuela) se viene a estudiar, no a pensar... y si tiene demasiada energía, para eso está el deporte" dijo el tirano en 1999 y lo hizo durante su reforma encubierta en los años 80 con la desgraciada constitución. Hoy es puro mercado, competencias, y si bien las cifras muestran progreso como querían esos algunos hace 40 años, la desigualdad y el espíritu del mismo tirano no se han desvanecido.

Hoy en día somos los hijos, nietos y sobrinos los que en medio de las calles vemos con preocupación y mientras nada cambia y todo se empeora las cosas en la educación, siempre habrá un ¡Vamos compañeros! en cada alma pidiendo con empeño para que la educación no se venda, sino que se defienda y vuelva a ser la críatura que se merezca ser para todos los pobladores y gente de Chile.

Continuará...

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