
Una pieza que más incomoda en nuestros días, tiene afecto en la tercera generación en su mayoría. Las vemos en salas de clases, en las aulas, en pasillos y hasta en la calle ¿La calle? Sí, lo es. Porque es en ella donde se alza en voz una causa que si bien podía ser vista para publicidad, aún a 40 años sigue postergada.
Es la educación, la que junto a la cultura, tuvo su máximo apogeo desde 1968 cuando los universitarios de la época buscaban democratizar la educación y su forma de tomar decisiones, hecho que ya cumplió. Luego, con el ascenso a la Unidad Popular, el mismo Allende se dio cuenta que dicho elemento debía ser junto al trabajo y al cobre imprescindibles para que el futuro fuese brillante.
Y fue así que la educación en todos sus niveles podían aprender a sumar, restar, a conocer las ciencias y muchas cosas que hacían de ellos grandes y fuertes en mente y espíritu. La gracia está en que no se pagaba nada, se le garantizaba la calidad tajantemente y que las clases entre distintos grupos socioeconómicos pudieran tener las mismas oportunidades, hecho que se vió alguna vez en "Machuca". Gracias a ella, la educación se convirtió en verdadero flujo de la construcción social del país.
Cómo no olvidar tampoco que aquellos tiempos universitarios gozaban de verdadera democracia. Un caso muy hermoso y que sirvió de inspiración para muchos en esa época, fue ni más ni menos que la Universidad de Concepción, cuyo entonces Rector Edgardo Enríquez ayudó a convertir en un verdadero campo del saber para pensar y poder armar lo que se veía incompleto para este sueño colectivo de muchos integrantes que buscaban un enorme cambio transformacional para bien de sus vidas.
Los trabajadores y estudiantes fueron grandes aliados por años mozos, hasta que la propia envidia de unos pocos hicieron hervir grandes quemaduras al territorio y se pasó de la raya, cuando el golpe cambió de la igualdad y conocimiento por la rigidez y la militarización del conocimiento, llevando a incluso cerrar carreras y materias que hoy en día fueron transfigurados, otros vuelven a recuperar fuerza y otros ya no están entre los cuadernos y pizarrones.
"A la universidad (y escuela) se viene a estudiar, no a pensar... y si tiene demasiada energía, para eso está el deporte" dijo el tirano en 1999 y lo hizo durante su reforma encubierta en los años 80 con la desgraciada constitución. Hoy es puro mercado, competencias, y si bien las cifras muestran progreso como querían esos algunos hace 40 años, la desigualdad y el espíritu del mismo tirano no se han desvanecido.
Hoy en día somos los hijos, nietos y sobrinos los que en medio de las calles vemos con preocupación y mientras nada cambia y todo se empeora las cosas en la educación, siempre habrá un ¡Vamos compañeros! en cada alma pidiendo con empeño para que la educación no se venda, sino que se defienda y vuelva a ser la críatura que se merezca ser para todos los pobladores y gente de Chile.
Continuará...
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