
Hace 40 años no se vivía en una bomba de mentiras y tergiversaciones como la que vivimos en estos días después. La prensa tuvo que ver en alguna parte con el derrocamiento de un gobierno democrático y justo para la humanidad chilensis.
"El pueblo arrasa en sus reductos momios" decía el Clarín, un diario que era el paladín de la crónica roja, se volvió más que un defensor de Allende, un verdadero amigo firme junto al pueblo. Y es claro que todo lo positivo rondaba en el bienestar de quienes dieron la voluntad a sí mismos en unidad.
Desde que el gran Camilo Henríquez usó la imprenta, un inmigrante francés como Sazié difudiera sonido con hilos y electricidad y las universidades las imágenes, siempre se supo que esos medios iban a ser más que información que entrega a la comunidad, es un elemento de propaganda para el avance de grandes procesos sociales y necesidades que requieren llevarlas a la realidad y práctica.
Clarín, Puro Chile, Punto Final, El Siglo, Televisión Nacional y Radioemisoras Unidas fueron principales instrumentos que llevaban a cabo este hermoso proceso histórico. Pero a pocos días de ascender al trono nacional, Agustín Edwards armó maletas para hablar con Nixon y solicitar platita para derrocarla, solo por ser distinto, 'anti-patriota' y todo lo que se oponga con el capitalismo. Costó de principio, pero para Carlos Basso y Peter Kornbluh -periodistas especialistas en documentos clasificados- revelan en sus obras el modus operandi de la malicia maquinada por El Mercurio.
Así es, el que aparenta ser 'decano de la prensa chilena' produjo en sus páginas financiadas por la CIA, la anti-propaganda que buscaba derrocar lo que para sus riquezas y avaricia les cargaba. Las portadas que se ven muestran cómo cada uno se peleaba por su pedazo de crane, hasta que las armas calientes bombardearon radios, allanaran todo medio que se relacionaba con compañero o revolución. Con eso, la censura daba por sellada al primer país neoliberal del mundo.
Si bien los contenidos eran brillantes por fuera como se veían en los programas de la tele, eran huecos en sentido ¿La razón? atontar, desinformar y distraer. Suele ser doloroso que por cada pelea de boxeo o un concurso de belleza, quizás decenas de gente habrían sido secuestradas, torturadas o ejecutadas; y si se hacía en público y para el país, los editores recurrían al invento más que a la verdad para demostrar que aparentemente eran héroes ¡He ahí la madre del cordero!
¡Otra maire! los mismos documentos de la misma CIA guardaban lo más profundo de la oscura forma de gobernar. Hechos que para muchos investigadores y en especial, periodistas valientes, se atreven a poco descifrar las obras que si las contáramos todas, tardaríamos años en dar a conocerlas.
Solo sabemos que los medios siendo hoy el cuarto poder ha estado siempre de la mano a pocos grupos sociales y económicos, usando nuevamente el invento y otras la verdad a medias, solo unos pocos se encargan de escribir y agendar qué y cómo debemos hacer ante esto y aquello, y si nosotros nos enojamos, ellos nos copian y meten miedo, lamentablemente -y eso que insisto que los periodistas no tendrían nada que ver- como pasó en el ayer, solo por comodidad.
Ahora, si bien la verdad se pela de a poco de su cáscara de plátano, como lo hemos visto con documentales, especiales periodísticos y perdonazos de muchos personajes del ayer, nos preguntamos ¿Será que este miércoles 11 El Mercurio pida perdón en su editorial, al igual como lo hizo O Globo en Brasil, por apoyar algo que querían derrocar pero a precio de armas y sangre al estilo nazi? ¿Esperaremos la creme de la creme en verdad y justicia sobre hechos de lesa humanidad como los cometidos a lo largo del tiempo en los documentos que lo evidencian en 10 años? La verdad, eso no se tiene nada de certeza.
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