viernes, 20 de septiembre de 2013

Cuando la mala salud lo vence fuerte

Foto: "Cuando la mala salud lo vence fuerte"

Es triste, claro está, cómo nosotros vivimos en este país. Ya es evidente cómo anda la educación, cómo roban los recursos aunque sea a escondidas, de cómo los candidatos -en su mayoría- se pasan al chancho con la propaganda en las calles, pero hay algo que nos afecta más allá de esos colores y hace que tarde o temprano nos damos cuenta que somos irreemplazables.

De aquello se desprende el tema de la salud, de cómo está hoy en día. En algunas tribunas se mencionan los malos tratos y la falta de ética que existe en los establecimientos públicos y de los abusivos precios que existen en cientos de medicamentos, medicamentos que esa sobrevivencia hacía fuerte.

Uno de los que más se percataba, tomaba conciencia de lo que sucedía y empezó a llevar a cabo esta tremenda lucha fue precisamente Ricarte Soto. Lo vimos conocer como el aguafiestas prudente de la farandula, ya que en medio del matinal de Chile, él se preocupaba a full de las cosas que de verdad nos afectaban. Él fue periodista por muchos años y su antecedente es enorme en cuanto al área siempre destacado al tema que más le gustaba, la actualidad.

Un día, en pleno set, confesó ante millones de personas su dolor que es batallar contra el cáncer, ese enemigo que mata en silencio. Pero él no quiso dejar de brazos cruzados, él se percató de que el sistema público de salud en nuestro país no cubría no solo sus necesidades, sino que la de los demás, y fue allí que decidió a través de la tele tiempo después, de hacer una marcha de l@s enferm@s.

Esa marcha era distinta al de los estudiantes, trabajadores y pueblo mapuche claro está, pero lo que hacía similar eran pedir cambios, transformar como él dijo en Punto Final, de ser en salud "El Corea del Norte capitalista" a una salud digna, solidaria, sólida y de calidad, en donde el paciente no tenga que pagar de más para sanarse. De a poco esa marcha se convirtió en un movimiento que diera sustento a que ese eco se hiciera escuchar.

Los remedios por caro que le fueran no era lo importante para él; luchar por vivir contra viento y marea y mucho optimismo que la vida lo brinda con risas y felicidad, sí. Pero como a muchos le sucede en su enfermedad, tristemente no pudo ganarle a esta batalla larga. Murió a primeras horas de la mañana. El sistema a escondidas lo venció, pero no por mucho no podrá cantar victoria. 

Mientras Mañalich da luces de un posible Fondo Nacional de Medicamentos, Ricarte Soto dio una herencia valiosa al país que se resume en un luchar mientras tengamos vida para que en tiempos de crisis y de enfermedad no haya malos tratos ni barreras del sistema de salud que te hagan quitar la vida ni te agranden el dolor ni la enfermedad. Ese es nuestro norte en el ámbito de la salud. Gracias Ricarte, el pueblo seguirá luchando con más fuerza. Hasta siempre.
Es triste, claro está, cómo nosotros vivimos en este país. Ya es evidente cómo anda la educación, cómo roban los recursos aunque sea a escondidas, de cómo los candidatos -en su mayoría- se pasan al chancho con la propaganda en las calles, pero hay algo que nos afecta más allá de esos colores y hace que tarde o temprano nos damos cuenta que somos irreemplazables.

De aquello se desprende el tema de la salud, de cómo está hoy en día. En algunas tribunas se mencionan los malos tratos y la falta de ética que existe en los establecimientos públicos y de los abusivos precios que existen en cientos de medicamentos, medicamentos que esa sobrevivencia hacía fuerte.

Uno de los que más se percataba, tomaba conciencia de lo que sucedía y empezó a llevar a cabo esta tremenda lucha fue precisamente Ricarte Soto. Lo vimos conocer como el aguafiestas prudente de la farandula, ya que en medio del matinal de Chile, él se preocupaba a full de las cosas que de verdad nos afectaban. Él fue periodista por muchos años y su antecedente es enorme en cuanto al área siempre destacado al tema que más le gustaba, la actualidad.

Un día, en pleno set, confesó ante millones de personas su dolor que es batallar contra el cáncer, ese enemigo que mata en silencio. Pero él no quiso dejar de brazos cruzados, él se percató de que el sistema público de salud en nuestro país no cubría no solo sus necesidades, sino que la de los demás, y fue allí que decidió a través de la tele tiempo después, de hacer una marcha de l@s enferm@s.

Esa marcha era distinta al de los estudiantes, trabajadores y pueblo mapuche claro está, pero lo que hacía similar eran pedir cambios, transformar como él dijo en Punto Final, de ser en salud "El Corea del Norte capitalista" a una salud digna, solidaria, sólida y de calidad, en donde el paciente no tenga que pagar de más para sanarse. De a poco esa marcha se convirtió en un movimiento que diera sustento a que ese eco se hiciera escuchar.

Los remedios por caro que le fueran no era lo importante para él; luchar por vivir contra viento y marea y mucho optimismo que la vida lo brinda con risas y felicidad, sí. Pero como a muchos le sucede en su enfermedad, tristemente no pudo ganarle a esta batalla larga. Murió a primeras horas de la mañana. El sistema a escondidas lo venció, pero no por mucho no podrá cantar victoria.

Mientras Mañalich da luces de un posible Fondo Nacional de Medicamentos, Ricarte Soto dio una herencia valiosa al país que se resume en un luchar mientras tengamos vida para que en tiempos de crisis y de enfermedad no haya malos tratos ni barreras del sistema de salud que te hagan quitar la vida ni te agranden el dolor ni la enfermedad. Ese es nuestro norte en el ámbito de la salud. Gracias Ricarte, el pueblo seguirá luchando con más fuerza. Hasta siempre.

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