miércoles, 5 de octubre de 2011

Alegría ¿vienes?



(Se recomienda discreción, mente amplia y entendimiento al leer.)

Estaban el arcoíris de la Concertación y un ciudadano, en un bar cualquiera tomando una cerveza cualquiera en un happy hour. El ciudadano le pregunta al arcoíris “Oye amigo, estoy cansado de tanta injusticia que pasa en el país y quiero que haya un cambio para deshacer todo este chamullo de gobierno. Alegría ¿Vienes?” y el arcoíris responde diciendo “Pues claro que sí –y canta- ahora si que si, ahora si que sí…”. Tal vez lo entenderá como un chiste de humor negro lo primero que escribí, pero es así como parten las cosas en la segunda mitad de los ochentas en un Chile que estaba harto de tanta represión que acechaba a su paso, la censura mediática que cambiaba sonidos de naturaleza por efectos de metralleta, la bussqueda de paz, dignidad y democracia por subversión o extremismo y el corte del material en bruto de un dicho de uno de los responsables de la dictadura en Chile. 
 
En 1987, un poco después de que el Papa Juan Pablo II oyera a un poblador pedir paz y justicia social y viera la caballa represión que había –ambos hechos fueron sacados del aire en la tele de esos tiempos- los partidos Radical, Socialista, Humanista, Comunista, del Centro, por la Democracia y la Democracia Cristiana se acordaron para formar en un solo personaje: La concertación de partidos por la democracia. Este ha tenido un rol activo en sentido político para deshacer en conjunto de la ciudadanía indignada la dictadura que ya no se aguantaba más. Cuento corto, en un domingo 5 de octubre de 1988, un caluroso Chile ardía las velas de los electores en el día para escoger el destino del país entre 1 y 2 años, el efecto se alargó hasta altas horas de la madrugada y es de ahí, que al día siguiente, la tempestad de quince años salió el famoso arcoíris rodeado de la ronda de San Miguel popular porque con más del 50% de los votos, Chile dijo NO a que siguiera Augusto Pinochet y compañía. Un “triunfo moral” anotado con lápiz y papel.

Salen los mismos personajes y el mismo lugar. El primero le confiesa al multicolor “Oye amigo, he querido decir esto todos estos 20 años y no puedo contenerlo” y pregunta “Alegría ¿Te gustaría venir conmigo?” y el señor colorido le responde “Siempre y cuando me case con la derecha”. Tal vez me dirás “¡¿Qué?! ¿Qué estará contando este humorista fome?” Bueno, en esta parte, el significado de lo fome va por dentro. Aunque el ciudadano sepa que quiere retornar la alegría anhelada, desgraciadamente la Concertación ha venido a desilusionar a los chilenos con el noviazgo que contrae con la derecha durante muchos años, partiendo con el pololeo de la DC con la derecha entre el 72 y el 73 con el fin de derrocar a Allende, para luego terminarlo en el 80 con el histórico“Caupolicanazo” de Frei Montalva y el retorno de este pololeo reiniciada la democracia. Lo mismo pasa con el gran error que se cometió con el exceso de tratados de comercio exterior y el explosivo aumento de las mineras extranjeras y empresas del mundo privado faltando el respeto por una mejor educación, salud y recursos básicos para Chile dejando en desmedro las empresas públicas. Son tantas las jotas y las tildes que desperdiciaron por cada palabra emitida por el arcoíris y todo por el amor por la derecha. Como diría alguien muy sabio, se nota que “la izquerda y la derecha se casan entre si”, su amor es duradero hasta que el clamor popular lo separe por siempre.

Mismo papel tapiz, mismo reloj cucú, misma pilsener y mismo barman Moe en compañía de sus tres chiflados. Cuando el ciudadano siente intriga por la respuesta dada por el arcoíris, el primero le devuelve el boomerang con otra duda “¿Por qué no vienes, alegría?” y el señor de los siete siete siete colores responde ilusionado “Porque yo amo, amo, amo el poder del dinero y no el poder de las personas ¿te quedó claro?” Y el señor ciudadano se va del bar sin palabras y desilusionado de la alegría prometida. Esto si que no es un chiste, señores; la Concertación al haber ganado con el triunfo del NO con aquel “plebiscito”, al par de años después nos dice “Ciudadanos, váyanse para sus casas” olvidando de que la caída de la dictadura lo hicieron las personas y no los partidos. 
 
Todas esas postergaciones emplazadas en los últimos 20 años de “dedocracia” se deben porque el arcoiris y la estrellita que no se donde está se olvidaron de la gente y se fijaron en la platita y en una de esas del oro. ¿Chile, la alegría ya viene? Tanto yo como la gente en si lo dudan y ya no cree en esa promesa, las encuestas no mienten. La gente no cree en los que aún prometen siendo ahora oposición y menos a quienes lo critican esa alegría rota siendo los que ahora gobiernan; ni chicha ni limoná, como diría Victor Jara. Chile lo hacen las personas y no los entes y la Concertación NO ES la oposición en Chile, son los millones de chilenos indignados que de a poco despiertan y ejercen oposición a la política con sabor agridulce y temperatura tibia, fácil de ser vomitado para el ciudadano de hoy. Chile necesita un cambio real no de un conglomerado, sino desde abajo y de la base ciudadana, civil y popular. Si mi amigo Bart “Cabeza de cepillo” Simpson supiera de esta penca realidad, concluiría con una sola frase “¡Ay caramba!”.

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