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| Huachimingo, un coleccionista de pelusas. (Foto de Contexto) |
De todas las actividades que resultarían ser atractivas para la realización personal, la que más me llama la atención es la de ser un coleccionista. Tener el agrado de realizarlo suele ser fácil a simple vista por que parece ser una cosa, en realidad es otra, ya que lo más difícil es tener amor, pasión y ganas de coleccionar. Por mi parte, yo era uno de esos tantos coleccionistas de autitos de juguete que hay en el mundo, por el hecho de ser hijo de un mecánico automotriz y por lo atrayente que era para mí ver los diseños y colores que había en cada uno de ellos.
Mi colección no se quedaba ahí en la ventana de mi pieza, iba a todo terreno hacia el patio de arena, tierra y piedritas en la casa de mi abuela. Era el niño más feliz cuando hacía rugir sus minúsculos motores en medio del lugar como si lo fueran reales y anduvieran en una ciudad, carretera o pueblito que diseñaba en mi imaginación con el lugar por horas y horas. Hubo varias ocasiones que gracias a ellos pude aprender y recrear como ocurre un aluvión de barro y tierra solo por diversión y por las ganas de atreverme a experimentar y alimentar la curiosidad que en mí existía entonces.
He conocido en mi vida a varios coleccionistas, pero uno de lo que más recuerdo y conozco bien es sobre mi abuela Lidia, ella lleva muchos años coleccionando calendarios de bolsillo de distintas marcas y empresas de Chile y la zona; el más antiguo que tiene ella es una del mítico antiácido “Yastá” del año 1967 con la imagen de un carabinero y su fiel perro, con el papel un poco arrugado, pero se mantiene en buen estado. Se destacan también otras como la de la desaparecida Farmacia San Pedro, el café Kaf y, su más reciente adquisición, un mini calendario de Aspirina del 2009. Todos ellos los guarda con mucho cariño y orden dentro de una cajita plástica de algodón para oídos.
El coleccionista es muy apreciado por todos si se tiene una devoción por lo que amas guardar y verlo todos los días, y un buen orden y cuidado para que por más desteñido que se encuentre la tinta de una carta de amor o por muy oxidado que esté un tren a cuerda, pueda valer oro para quien lo ama y quiera conservar para sí.
Pero hay que cuidar el control del tiempo diario para las colecciones, ya que, si puede que este hobby convierta en una obsesión, puede causar que el coleccionista se aleje de la sociedad o llegue incluso a causar la desaparición de una serie de objetos valiosos, sea por un robo o por el desorden como lo que me sucedió cuando se me perdió por desordenado casi la totalidad de mis autitos de juguete llegando a quedar como sobrevivientes unos cinco carritos. Considero las reglas de todo coleccionista muy efectivas en todo sentido, solo es cosa de que cada cual las pueda aplicarlas en la práctica y tratar a su colección como si fuera una parte más de su cuerpo, alma y espíritu a fin de dejar huella para las generaciones que lo seguirán después en el futuro.
Coleccionar sin nada de dinero es perfectamente válido también, sobre todo si cuando chico tus padres te regalan algo que pueda guardar como recuerdo de la infancia para la vida adulta que se viene después. Toda colección es válida y valiosa; por ejemplo, desde que entré a la universidad colecciono números en papel del diario “El Ciudadano”, para que el día de mañana mis hijos y nietos sepan cómo fue Chile y el mundo años atrás. Tal vez si el tiempo y el futuro me permiten, cuando tenga más dinero, me gustaría coleccionar trenes miniatura y maquetas de ferrocarril, eso es un gran anhelo que me sigue desde mi infancia.

1 comentarios :
Realmente uno ve el potencial que tenes para contar historias. Muy hermoso. Saludos. Eduatdo.
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